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Año 2012
EdiciónXX- Octubre
STAFF
Dirección y Edición:
Santiago A. Natelli
Redacción y notas:
Eliana Natelli
Colaboradores:
Lucas Iommi
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Ulises Martinez
Lisandro Chiani
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Rosario - República Argentina
Editorial
03
stamos prontos a celebrar el Día del Odontólogo. Pese a que quieran
hacer de nosotros meros prestadores y sacamuelas, fuimos, somos y
seguiremos siendo odontólogos, o dentistas, pero ¿son iguales nuestros
Días para todos nosotros? ¿Tenemos todos motivos para celebrar?
¿Celebran nuestras instituciones con todos los asociados o sólo con los de
su riñón?
El Día del Odontólogo debemos hacernos el propósito de no permitir
que nos manden de vuelta a los tiempos de sacamuelas. Ni debemos
permitir que continúe la opresión de los mercaderes de la salud, que
miran como "clientes" a nuestros pacientes y a nosotros como
"prestadores" de servicios que los "clientes" reciben cada vez más
insatisfechos. Para su propio y único beneficio.
Debiéramos celebrar jubilosamente el Día del Odontólogo, porque
estamos orgullosos de nuestra vocación. Pero cada día nuestro ¿es igual al
otro, tranquilo, confiando en nuestro saber, confiando en la justicia y en la
buena relación con los pacientes? Festejemos. Pero antes hay que pasar
dolores de parto, necesarios. Darán como fruto volver a esta profesión
que amamos y que nos enseñaron a practicar con un criterio cada día más
conservador. Que no es el de los mercaderes. Además, ¿acaso viven todos
los odontólogos igual cada día?
Para celebrar el Día del Odontólogo, hay que divulgar las cláusulas
contrarias a los pacientes, generalmente secretas, que los mercaderes
imponen y que está prohibido mencionárselas. Hay que abrirles los ojos a
los pacientes, para que dejen de creer inocentemente que van a encontrar
la misma odontología en la actividad privada que en la empresarial. Aun
cuando los mercaderes tengan la sartén por el mango, y el mango
también, nos necesitan inevitablemente. No pueden, y quede
subrayado, no pueden brindar odontología sin nosotros, sin nuestra
ineludible mano de obra.
No hay que distinguir más entre "ellos", los malos, y un yo que tampoco
hace nada más que criticar. Sin partidismos ni colores ideológicos, nuestro
deber hacia el público es la prevención y la
educación para la salud bucal. Criterio no compartido por quienes pretenden aprovechar a los "clientes"
y exprimir a los "prestadores".
¿Prevención? ¿Alguien cree que a los mercaderes les interesa la prevención? (Digo "mercaderes"para
simplificar y sin absolutamente ningún ánimo ofensivo, sino puramente descriptivo.)
Todos sabemos que en las megaclínicas de los mercaderes (aun los que alguna vez fueron odontólogos)
se incita a los empleados en negro a realizar extracciones y a promover implantes, con promesa de un
porcentaje. La prevención está prohibida.
Dejen que los pesimistas, los dueños del "aquí no podemos hacerlo" y del no menos nacional "esto no
va a andar", vivan en la negrura de sus corazones. Los más negativos hasta agitan en nuestras narices el
fantasma del Fondo Monetario Internacional y de sus imposiciones. Éste es nuestro Día, por derecho, no
el de los que tienen grabado el signo pesos en el corazón.
Celebremos un Nuevo Día del Odontólogo, con una actitud fundacional que haga historia, que se
recuerde porque convertidos todos los odontólogos en activos idealistas decidimos este 3 de octubre del
2012 unirnos. Unidos recuperaremos la dignidad y el buen nombre de nuestra profesión.